Para nadie es desconocido que el Covid-19 produjo y sigue produciendo grandes impactos a los derechos laborales de las mujeres. Hubo un incremento en la brecha de desempleo, se aumentaron las cargas de cuidado y se profundizaron las violencias basadas en género en las dinámicas laborales. De este modo, la discriminación ya existente, dio paso a la flexibilización de las garantías laborales mínimas, a amenazas de despido, a cargas de trabajo excesivas y a la falta de entrega de elementos de bioseguridad necesarios, por parte de empresas y empleadores, produciendo efectos adversos desproporcionados y diferenciales en la vida de las mujeres trabajadoras.