La violencia sexual contra las mujeres es un delito que manifiesta de manera evidente los patrones de discriminación contra ellas, sustentados en el uso y abuso del cuerpo femenino como forma de control y dominación, soportado en la idea de inferioridad de las mujeres “a partir de las diferencias sexuales/biológicas y por una relación social asimétrica entre hombres y mujeres” como es señalado por Donny Meertens (2006) Por tanto, los efectos psicosociales que se producen en ellas tras la comisión de la violencia sexual son la expresión de la intención de anulación de la autonomía, capacidad de agenciamiento y posibilidades de desarrollo personal, a través del sufrimiento emocional que instala y de los profundos impactos en los distintos ámbitos de la vida de relación.